Por el buen camino
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Ene

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Por el buen camino

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Carlos Pobre Menguy – Director de Comercio Exterior en Crédito y Caución

En los últimos años, para amortiguar la caída sufrida por el mercado interior; centenares de empresas españolas  han recurrido a la exportación para sobrevivir a un entorno recesivo.

Desde inicio de la recesión y a pesar de las dificultades y los riesgos de vender en el exterior, la cifra de exportadores se ha elevado en torno a un cincuenta por ciento. A pesar de ello el número de empresas han crecido notablemente, llegando a suponer un tercio del total. Algunas de ellas, han mantenido sus ventas internacionales al menos cuatro años consecutivos, con una elevada probabilidad de supervivencia en el futuro.

Aunque las ventas españolas en el exterior se dan en la Unión Europea, y especialmente en la eurozona, en los últimos ratificando uno de los resultados más conocidos en el comercio internacional como es la vinculación directa con la distancia; en los últimos años los empresarios han hecho un gran esfuerzo y diversificación. La cuota de mercado española se ha mantenido aún apesar del aumento de la competencia mundial en la búsqueda de nuevos clientes procedentes de los países emergentes y de la búsqueda de nuevos exportadores que probocan la ralentización del propio comercio internacional.

La recuperación de la economía española, se debe en gran parte al sector exterior;  a los 150.000 exportadores, de los cuales hay que destacar la importancia de las 500 multinacionales líderes y las 10.000 compañías que se han establecido en los mercados internacionales. Todos ellos han realizado un gran esfuerzo para ganar en competividad y cuidar la calidad de sus productos y servicios, inovando yhaciendo de su Marca un referente internacional.

Si hablamos en términos históricos, se puede decir que parece que se observa un cambio de tendencia; en lo que al sector exterior se refiere, dejando de ser un instruumento meramente auxiliador. Desde una perspectiva microeconómica, esto supondría para las empresas el abandono de la tradicional presencia en el exterior como como último recurso, cuando no se puede vender lo suficiente en el mercado interior. Y en términos macroeconómicos, contribuiría a sentar las bases para que el sector exterior se convierta de manera estable en uno de los pilares fundamentales del crecimiento. Por algo la participación de las exportaciones de bienes y servicios en el PIB ha aumentado más de dirz puntos en sólo seis años, alcanzando ya un tercio, de modo que España se ha convertido en el segundo exportador en términos de PIB de los cinco grandes de la UE, por delante de Francia, Italia y Reino Unido, y solo por detrás de Alemania.

Para continuar avanzando en la senda de la internacionalización, sería conveniente propiciar un incremento de exportadores estables, en concreto de aquellos que sus ventas superan los 50.000 euros anuales, cuya cifra no llega al 20 por ciento y que supone un claro contraste frente al resto de mepresas que facturan menos de 5.000 euros anuales y que suponen la mitad del total. De igual modo, a la consolidación de lo conseguido en la internacionalización podría contribuir, por un lado, la realización de un mayor esfuerzo en la diversificación de los destinos de exportación, en especial especialmente de los que muestran unas mayores perspectivas de crecimiento ligados a las nuevas clases medias emergentes y a la creciente urbanización, y, por el otro, la potenciación de estrategias de cooperación entre las empresas, como modo de paliar su reducido tamaño.

Desde el inicio de la recesión, el comercio internacional ha venido mostrando claros signos de debilidad, especialmente en los países desarrollados, con crecimientos en relación al PIB inferiores a los que tradicionalmente se habían alcanzado. Todavía no se puede asegurar si se trata de un cambio de tendencia coyuntural o estructural, o sí se pueden señalar algunos elementos detrás de esta modificación del patrón del comercio mundial. Además existen factores de carácter temporal, como la debilidad de la demanda en la Unión Europea, la desaceleración de la economía china o las sanciones de carácter comercial. Y como no hablar deotros factores de naturaleza permanente que, según las instituciones de Bretton Woods, estarían detrás de la mitad de la ralentización de los intercambios internacionales.

Entre las causas estructurales de la debilidad del comercio mundial pueden destacarse el aumento de la presencia de los servicios en cada vez más economías, con una menor liberalización de sus intercambios en relación con las mercancías; la debilidad de la inversión, elemento clave para el comercio, toda vez que, como resulta ampliamente conocido, es uno de los componentes del PIB con una intensidad importadora más elevada; la sustitución estadounidense de las importaciones de combustibles; el proceso de transformación iniciado en la economía china, con unos objetivos menos dependientes ya de la exportación, la inversión y la tecnología foránea, y con una relevante sustitución de importaciones; la irrupción de las nuevas tecnologías en todo el proceso productivo, particularmente sobre la base de la transferencia de datos y la impresión 3D, que posibilitan una nueva estrategia de localizaciones, con su consiguiente influjo en el acortamiento de las cadenas globales de valor y, en definitiva, en la reducción del comercio de determinados bienes; y la tentación proteccionista en un entorno de creciente competencia internacional.

En este contexto de ralentización del comercio mundial y de gran incertidumbre geoestratégica, resulta aconsejable llevar a cabo una rigurosa gestión de los diversos riesgos internacionales que pueden poner en peligro la buena marcha de las operaciones de exportación, especialmente en los mercados emergentes. En concreto, resaltar el análisis de los riesgos de impago, ya que supone una palanca competitiva de primera magnitud, y que permite guiar a los exportadores de manera segura en su búsqueda de nuevos clientes fiables, facilitando el éxito de sus ventas en el exterior, por muy diversificadas que estén. Porque, no nos olvidemos; que exportar es cobrar.

Carlos-Pobre-Menguy

 

Carlos Pobre Menguy – Director de Comercio Exterior en Crédito y Caución

 

 

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